Urrea, Inmaculada

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Soy hija única de Pedro Urrea, director de una oficina de seguros y directivo de balonmano del F. C. Barcelona, y de Rosalía Gómez -conocida como La Moderna y también La Sargento-, couturière del atelier de flou de Carmen Mir.

 

Nací en Barcelona el 7 de noviembre de 1965. Estudié en la Scuola Italiana y en su Liceo, me licencié en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona y me doctoré cum laude en Comunicación por la Universitat Pompeu Fabra.

 

Estudié también diseño de moda en la Escola d’Arts i Tècniques de Barcelona y ejercí brevemente como diseñadora.

 

Docente desde 1992, he impartido clases de historia y sociología de la moda, así como de comunicación en diferentes centros y universidades. De la moda pasé a interesarme por las marcas y, con el nuevo siglo, me convertí en consultora de branding.

 

De niña, crecí con dos privilegios: haber sido educada con el método Montessori, que me dio las herramientas para ser libre e independiente, y vestir de alta costura gracias a mi madre, que me hacía los vestidos.

 

Aquello terminó cuando Zara abrió su primera tienda en Barcelona: mi madre me acompañó a la tienda y me dijo: “Se acabó el hacerte los vestidos”. Yo, que odiaba las interminables sesiones de prueba, tampoco tenía intención de hacérmelos, porque coser no me gusta. Finalmente resolví mi conflicto hace años, cuando me pasé a la segunda mano.

 

Mi vida está marcada por tres pasiones: los perros, Coco Chanel y París. Nací queriendo un perro, pero no lo tuve hasta 1987, cuando mi padre se jubiló. Desde entonces siempre he tenido un compañero de cuatro patas a mi lado: hoy me acompañan dos.

 

Chanel entró en mi vida gracias a mi madre, que la admiraba y reapareció años después en una clase de historia de la moda. Me atrapó de tal forma que empecé a indagar sobre ella y ya no paré.

 

En la universidad le dediqué mi tesina. Como no hablaba francés, lo aprendí: en 1990 me matriculé en un curso intensivo en el Lycée Français. El año anterior había pisado París por primera vez -coincidiendo con el centenario de la Tour Eiffel- y tuve un verdadero coup de foudre.

 

Una excelente profesora y la lectura de L’Irrégulière (1974), de Edmonde Charles-Roux, hicieron el resto. Ese verano, además, volví con un novio francés de París, que siempre viene bien para aprender el idioma. Así logré perfeccionar mi escritura, porque todavía se enviaban cartas.

 

En 1993 me fui a París con mi perro Top para hacer un stage en la biblioteca del Palais Galliera. Alquilé un estudio -un cuarto piso sin ascensor- en la rue Lobineau, en pleno Saint-Germain-des-Prés. Fue una de las épocas más felices de mi vida: el turismo aún no lo había invadido todo y descubrí la ciudad paseando con Top.

 

En junio de 1994 defendí mi tesina, titulada Coco Chanel. Moda y vanguardia (1909-1971), centrada en su relación con el arte de Entreguerras.

 

Fruto de esa investigación, en 1997 publiqué mi primer libro, Coco Chanel. La revolución de un estilo, la primera biografía escrita por una autora española. La presentación en Madrid corrió a cargo de Melinda d’Eliassy, entonces directora de Relaciones Externas de Chanel en España, con quien tuve la suerte de entablar una gran amistad.

 

En 2013 retomé el doctorado, obligada por el Plan Bolonia. Volví a Chanel con un nuevo enfoque: investigar cómo construyó su marca personal a través de sus retratos y sus palabras. Así, me sumergí en la semiótica y en las biografías escritas por quienes la conocieron y en febrero de 2016 defendí la tesis La construcción de la marca personal de Coco Chanel a través de sus fotografías. Su aportación a la creación de la mujer moderna.

 

Tras tanta intensidad chaneliana, necesité desintoxicarme y no fue hasta el 19 de agosto de 2018 -día del cumpleaños de Chanel- cuando empecé a trabajar en este proyecto -sin saber que acabaría siendo un diccionario enciclopédico-, mi aportación a dilucidar algunos de los muchos claroscuros de su vida.

 

Mademoiselle no lo tuvo fácil, pero con una mezcla de determinación y oportunidad consiguió casi todo lo que se propuso. Casi. Porque es una verdad universalmente admitida que todo no se puede tener, como me decía Rosalía La Moderna. Ni siquiera si te llamas Coco Chanel.